Amsterdam, Netherlands


Travel / jueves, enero 4th, 2018

Qué mejor forma de empezar el año que viajando. Qué mejor forma de empezar que yéndose lejos, a lugares nuevos para nuevos comienzos. Qué mejor forma de empezar que haciendo una de las cosas que más me gusta en este mundo. Sé que el tiempo es un concepto abstracto creado por el hombre y que el 1 de enero es exactamente igual que el 31 de diciembre. Pero me gusta pensar que hay algo, aunque sea un concepto abstracto, que te permite empezar de cero y proponerte nuevas metas y propósitos, aunque solo sea siendo de forma psicológica. Me gusta pensar que he empezado una nueva etapa y que lo he hecho nada más y nada menos que en Amsterdam.

Sé muy bien con qué palabra describir lo que Amsterdam me ha hecho sentir: Admiración. 

¿Sabéis la sensación de ir caminando al lado de alguien y sentir que os lleva años de ventaja y que hagáis lo que hagáis o penséis lo que penséis, esa persona ya lo ha hecho o lo hará antes que tú? Pues me ha pasado, pero con una ciudad. Es cierto que en algunos casos eché de menos España, a su gente, su clima y su comida (como me pasa siempre); pero sentí que nos llevaba mucha ventaja en el tema de salir a la calle y que no hubiera basura por el suelo menos en año nuevo, que eso es otra historia; ver más bicicletas que coches circulando por la ciudad, recorriendo el carril bici avenidas y callejones, estando hasta las escaleras preparadas para que puedas subirlas o bajarlas; ver pasar a los coches y que la mitad fueran eléctricos y que hubiera dónde cargarlos en todas las esquinas… En un par de años seguramente no existan tubos de escape en esta ciudad que creen nubes negras en el cielo. El compromiso de Amsterdam con el medio ambiente solo me podía transmitir una admiración continua.

La religión de esta ciudad es protestante, por ello la mayoría de las casas no tenían cortinas, porque no tienen nada que ocultar. Me sorprendía el hecho de ir andando por la calle y ver a las familias cenando cómodamente, niños viendo la tele, personas estudiando o trabajando con poca ropa o pintas de estar por casa… Me sorprendió y para bien. A pesar de que yo les miraba, ellos no lo hacían. Seguramente porque están acostumbrados o sencillamente por eso, porque no tienen nada que ocultar.

Su arte, sus canales, sus museos, su arquitectura transportándome a una de mis etapas favoritas de la historia, su ambiente, el barrio rojo, sus luces, sus dulces… Amsterdam es pura magia, y solo puedo decir que ojalá en un futuro, por lo menos hablando desde el punto de vista ecológico y de la forma de pensar, el mundo se parezca un poquito más a Amsterdam.

Como siempre, os dejo algunas fotitos que hice…


Lights…

…lights…

… and more lights

En el Rijksmuseum
La biblioteca del Rijksmuseum de la que me enamoré
Un bar de hielo, chupitos a -9ºC


Text and Photography by: Irene Nortes

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